12 mar. 2010

EL MAR DE MIS ENTRAÑAS
La quietud dormida de la tierra
dormita impune en tus pliegues,
permaneces en calma prodigiosa,
como monumento, tu espuma resplandece,
en un manojo de rosas.
El pasdo marchó en tu futuro
de salvajes frutos,
erigiendo a su paso vientos,
que en silencioso canto,
palparon tu visible encanto.
Mantienes oculto el secreto,
que de tu azul manto emanas,
porque aunque se caigan los cielos,
traerá la espuma la calma
flotando en las madrugadas.
Cuantas veces tu frente besa,
las encrestadas rocas,
despertando los rayos del sol,
que acarician y se alejan
a expensas del amor.
¡ Oh !, que rostro,
¡ oh !, que luz,
¡ oh !, que alma tan pura,
¡ oh !, que grandeza sin fama,
nunca reveles tu secreto,
inmenso y bello mar.