

Un llanto de algodón
bañaba tus líbidos párpados,
mientras, en la noche buscabas,
una perla negra en mi corazón.
Una perla negra, fría,
punzante, dominante,
cual luna ciega,
celosa del alba.
Mi lujuría fué firmada,
por una inquietante mujer,
de desnuda realidad,
que estaba palpitante.
Era un hecho pasional,
una filarmónica tempestad,
un impulso de cristal,
una burda libertad.
Como un cisne,
recorrió mis aguas,
y como una alondra,
voló hacia el horizonte.
Buscó una perla negra,
que un día estorbó,
una perla negra,
que nunca encontró.
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